Longevidad Satisfactoria. Etapa de reto actual
Daniel Ramón Gutiérrez Rodríguez
Doctor en Medicina. Especialista Medicina General Integral. Master en Ciencias en Longevidad Satisfactoria. Profesor del Instituto Superior Ciencias Médicas Villa Clara, Cuba
Aurora Martinez Fraga
Doctora en Medicina, especialista en Medicina General Integral. Master en Ciencias en Longevidad Satisfactoria.
Leysa Margarita Gomez
Doctora en Medicina, especialista en Medicina General Integral. Master en Ciencias en Longevidad Satisfactoria.
Cleyne Rodriguez Pardillo
Doctora en Medicina, especialista en Medicina General Integral. Master en Ciencias en Longevidad Satisfactoria.
Resumen/Abstract
Estudio sobre pacientes geriátricos.
Study about aged patients.
1.Introducción
El envejecimiento humano es un fenómeno universal e inevitable1. Etimológicamente, vejez (derivado de viejo) procede del latín veclus, vetulusm, que a su vez, viene definido por la persona de mucha edad.
Así, todos estos fenómenos (viejo, vejez y envejecimiento), en principio, hacen referencia a una condición temporal y concretamente a una forma de tener en cuenta el tiempo y la consecuencia del tiempo en el individuo, es decir, a la edad, con frecuencia se considera que es la edad cronológica del individuo la que marca la vejez. Con base en la edad cronológica, B. Neugarten establece dos categorías de vejez: los jóvenes viejos, que abarcaría de los 55 a los 75 años y la de viejos viejos que se situaría a partir de los 75 años. 2
Cuando se habla de vejez siempre se entra en el tema de las edades. Delimitar una edad tiene importancia, sobre todo, a efectos de los estudios epidemiológicos y, en este contexto, suele aceptarse la edad de jubilación como referencia. Importa destacar que paciente mayor y paciente geriátrico no son conceptos sinónimos; el primero se refiere exclusivamente a la edad, es decir, se considera Adulto Mayor (AM) a toda persona que tiene 60 años y más de edad (65 años y más en los países desarrollados según definición de la OMS).
2. El Paciente Geriátrico
En el caso del paciente geriátrico la edad no es el único ni el principal determinante para definir el concepto ya que se deben considerar aspectos mucho más importantes, tales como, adulto mayor (o anciano) sano, adulto mayor enfermo, adulto mayor inmovilizado, adulto mayor frágil o de alto riesgo. 3
El término "anciano frágil" en geriatría hace referencia a la presencia de una situación de alto riesgo de deterioro, que se acompaña de alguna forma de incapacidad, este término, es suficientemente descriptivo de un grupo de pacientes ancianos relativamente frecuente en la práctica diaria, son pacientes que se encuentran en un equilibrio inestable, con riesgo de perder esta estabilidad precaria hacia una situación de incapacidad y dependencia ante un agente o proceso externo que actúe sobre ellos, su menor reserva o resistencia ante diferentes agresiones les llevarán con mayor o menor rapidez a la pérdida de autonomía.
Son varios los aspectos que pueden influir a la hora de una persona mayor se sitúe en un estado de fragilidad: 4
- Situación y soporte social
- Presencia de diferentes enfermedades, fundamentalmente crónicas
- Ubicación del paciente por necesidad de hospitalización o de cuidados en instituciones residenciales
- Situación basal funcional, que determina el estado de autonomía personal
Teniendo en cuenta estos aspectos, se podría definir el perfil de estas personas mayores. Son pacientes en los que están presentes tres ó más de estas características: 5
- Presencia de patología múltiple o patología crónica con alto poder incapacitante
- Cierto grado de incapacidad que dificulta el autocuidado personal, precisando ayuda en la realización de actividades básicas de la vida diaria: alimentación, deambulación, higiene, vestido, uso del retrete
- Mayores de 80 años
- Presencia de deterioro cognitivo
- Polifarmacia
- Mala situación socioeconómica
- Viudedad reciente
- Cambio de domicilio reciente
- Haber sido hospitalizado recientemente
- Situación que es causa potencial de deterioro funcional y pérdida de autonomía en el anciano (por ejemplo caídas frecuentes) 6
Evidentemente, cuántos más años tenga una persona más posibilidad tendrá de cumplir los criterios de paciente geriátrico ya enumerados, ya que lo que caracteriza al envejecimiento humano es la disminución homeostasis o la capacidad de reserva para hacer frente a las agresiones del medio, es decir, un accidente, una gripe, un cambio de residencia, la pérdida de un familiar, etc., se soportará peor a mayor edad donde puede crear una situación catastrófica. 3
La edad biológica es la que corresponde al estado funcional de los órganos de nuestra economía comparados con patrones estándar establecidos para cada edad ó grupos de edades.
La edad funcional expresa la capacidad para mantener los roles personales y la integración social del individuo en la comunidad, para lo cual es necesario conservar cotas razonables de capacidad física y mental. Desde un punto de vista gerontológico, es la más importante, permite preservar niveles de calidad de vida satisfactorios y conseguir envejecer con éxito. Para la medida de la edad funcional es obligada la utilización de las distintas escalas de valoración gerontológica de salud física, estado funcional, percepción y comunicación, salud psicológica, situación socioeconómica y medioambiental.
Lo crucial para un buen envejecer, consiste en poder sobrellevar la discordancia entre lo que se es y lo que se parece. Poder aceptar que uno se siente joven pero que el cuerpo envejece. Si no fuera por esa discordancia, uno se olvidaría de la finitud. 2
Todo hombre desea llegar a la vejez, sin embargo, se queja cuando lo consigue; tal paradoja sugiere que el envejecimiento no constituye meramente un problema médico, sino una progresión inevitable de circunstancias sociales, emocionales y psicológicas que alteran al individuo.7
En el plano subjetivo dicha actitud conlleva un sentimiento de resignación y apatía que frenan la iniciativa para buscar de mantenerse activo y para esforzarse por contrarrestar las limitaciones que se experimentan. En este sentido cabe destacar que frecuentemente, la declinación de habilidades y capacidades se deben más bien a la falta de entrenamiento y al abandono de la actividad, que al proceso de deterioro biológico propiamente tal.
El definir la salud de las personas que envejecen, no en términos de déficit, sino de mantenimiento de la capacidad funcional, resulta importante para establecer una estrategia adecuada de cuidados, así como las orientaciones para cada uno de los posibles servicios destinados a las personas mayores.
En la actualidad se estima que el adulto mayor con la condición de persona adulta mayor frágil es del 30%, al igual que la persona adulta mayor dependiente o postrada que se considera, que entre el 3% a un 5% viven en nuestras comunidades. 8
Se plantea que muchos de los ancianos enfermos crónicos, con cuidados clínicos y de rehabilitación se recuperan lo suficiente para incorporarse nuevamente a la sociedad y que lo más importante es un cambio de actitud hacia la vida, la sociedad, y hacia ellos mismos.7 La atención del paciente mayor constituye un aspecto de la problemática clínica compleja que presentan los ancianos, lo cual requiere de cierta satisfacción médica, además de los aspectos emocionales y sociales que comportan su cuidado, resultan cruciales para permitir al paciente adaptarse a su enfermedad y a su tratamiento.
A la ancianidad se llega con limitaciones de orden físico y psíquico, a ello se unen los factores de riesgo ya conocidos que constituyen un problema de salud, en esta etapa de la vida.8
Estudios realizados en la población mundial indican que entre un 5% y un 15% de la población de más de 65 años, padece de demencia. De hecho, constituye, en países desarrollados la tercera enfermedad en costo social y económico, después de las enfermedades cardíacas y el cáncer, además ocupa el cuarto lugar en las principales causas de muerte en el anciano. 1 La valoración del estado mental forma parte del proceso de valoración integral (clínica, funcional, mental y social) de los pacientes ancianos.
3. La Función Cognitiva
La función cognitiva de un individuo es el resultado del funcionamiento global de sus diferentes áreas intelectuales, incluyendo el pensamiento, la memoria, la percepción, la comunicación, la orientación, el cálculo, la compresión y la resolución de problemas.
Un gran número de procesos frecuentes en el anciano (infecciones, procesos degenerativos, neoplásicos, enfermedades sistémicas, toma de fármacos, etc.) pueden alterar tales funciones de forma parcial o global (demencia o delirium), así como de forma aguda o crónica, dando lugar a diferentes síndromes que se engloban bajo el término "deterioro cognitivo". Se trata por tanto de un término ambiguo, que no especifica la función o funciones intelectuales afectadas, como tampoco la causa subyacente. El deterioro cognitivo presenta una alta prevalencia en el anciano y condiciona no pocas situaciones de grave incapacidad, amen de una seria problemática socio-asistencial; basta recordar que la demencia senil tiene una prevalencia de un 20% por encima de los 80 años y es el substrato más adecuado para que múltiples procesos agudos incidan sobre ella (infecciones, deshidratación, confusión), así como complicaciones en línea con los denominados síndromes geriátricos (caídas, inmovilidad, incontinencia, impactación fecal, úlceras por presión, etc.), además, los pacientes con deterioro cognitivo requieren una mayor supervisión por sus cuidadores, tienen un peor pronóstico rehabilitador, su alta hospitalaria es más difícil y utilizan un mayor número de recursos socio-sanitarios. Por ello, conocer la situación cognitiva del paciente geriátrico es importante a la hora de planificar sus cuidados y tomar decisiones, ya que un apropiado manejo puede mejorar sustancialmente la calidad de vida y reducir el desarrollo de complicaciones.
Con elevada frecuencia, las alteraciones cognitivas son atribuidas erróneamente al proceso de envejecimiento; otras veces, es el propio paciente con un deterioro cognitivo leve o moderado el que ofrece una imagen lúcida e intacta desde el punto de vista intelectual y su deterioro pasa desapercibido para la familia e incluso para el personal sanitario, por lo que la prevalencia del deterioro cognitivo puede infravalorarse.
El objetivo de la valoración cognitiva dentro de la valoración geriátrica exhaustiva es, fundamentalmente identificar la presencia de un deterioro cognitivo que pueda afectar a la capacidad de autosuficiencia del anciano y generar la puesta en marcha de estudios diagnósticos clínicos, neuropsicológicos y funcionales que traten de establecer sus causas e implicaciones, y, por último, establecer estrategias de intervención de forma precoz. 8
Parece ser que una parte normal del envejecimiento es una ligera disminución de la percepción, la memoria y el pensamiento, pero existe evidencia de que el ejercicio físico y mental continuo y moderado es útil para el mantenimiento de las capacidades cognoscitivas.
Los cambios físicos por el envejecimiento no están claramente relacionados con la disminución de la función del cerebro o la médula espinal. Los cambios en la memoria, la percepción y otros cambios "cognoscitivos" comunes en las personas de edad muy avanzada, no se pueden encontrar directamente en una atrofia u otros cambios físicos en el cerebro.
A medida que los nervios se degeneran, se pueden afectar los sentidos del tacto, la visión, la audición y demás. Los reflejos se pueden disminuir o perder, y los cambios en estos aumentan los problemas con la movilidad y la seguridad. Al contrario, algunos reflejos que estaban presentes al momento de nacer y que se perdieron a través de la madurez (reflejos infantiles como el reflejo de succión y el de prensión) pueden reaparecer con la edad avanzada, lo que puede ser un cambio normal o muy probablemente ser un signo de trastorno neurológico. 9
Problemas como el delirio, la demencia y la pérdida de la memoria severa no son una parte normal que se espera del proceso de envejecimiento. Las enfermedades que no están relacionadas con el cerebro pueden ocasionar cambios significativos en el pensamiento y el comportamiento; por ejemplo, casi cualquier infección puede hacer que una persona de edad avanzada se torne confusa en forma severa.
Las características psicológicas, morfológicas y conductuales de un individuo a lo largo de su ciclo vital están influenciadas en mayor o menor medida por procesos biológicos genéticamente determinados. 10 Por lo tanto, hablando en términos más concisos y dando forma a lo que se quiere desarrollar, se puede puntualizar como la valoración y detección multidimensional de déficit en las esferas clínico-médica, funcional, mental, y social, que requiere de un plan racional e integrado de tratamiento y seguimiento, orientándose hacia la funcionalidad del sujeto, como ser biopsicosocial y por ende no se centra exclusivamente en una de las esferas.
4. Valoración Geriátrica Integral
Actualmente se considera la Valoración Geriátrica Integral (VGI) la herramienta o metodología fundamental de diagnóstico global en que se basa la clínica geriátrica a todos los niveles asistenciales, aceptada su utilidad universalmente, incluido nuestro país. 11
La mayoría de los adultos mayores funcionan adecuadamente y no requieren una evaluación geriátrica exhaustiva. No obstante, existe un grupo en riesgo de declive, en el cual una detección precoz es vital para evitar mayor deterioro, encontrándose que los adultos mayores rurales tenían mayor discapacidad física y mejor soporte social que sus pares urbanos. No hubo diferencias en la evaluación mental de ambas comunidades. 12
Este proceso de evaluación geriátrica (VG) el cual se resume en un reporte escrito de la persona, es una herramienta muy importante para los asistentes, ayudándoles a tener a sus seres queridos en un estado físico, mental, y psico-social evaluado. Además del paciente, el proceso incluye generalmente a los miembros de familia y a otras personas importantes de su vida personal, teniendo en cuenta que en esta, los problemas de las personas mayores se descubren, se describen y si es posible se exponen. La necesidad de estos servicios la determina un plan de cuidado que es desarrollado para cumplir esas necesidades. 13
Ahora bien, al encarar la valoración del paciente anciano es conveniente tener en cuenta algunos aspectos. Ellos son:
- Características de las enfermedades en los ancianos
- Complicaciones que pueden sufrir las mismas
- Conceptos y objetivos de la valoración geriátrica
Características de las enfermedades en los ancianos: No existen enfermedades propias de los ancianos, ellos padecen las mismas patologías que los jóvenes en la mayoría de los casos. Lo que cambia es el terreno donde éstas asientan y las repercusiones que ocasionan. El geronte tiene sus reservas orgánicas disminuidas y por lo tanto su capacidad de adaptación y los mecanismos compensadores para los cambios que aparecen con la enfermedad, están menoscabados. Con mayor frecuencia que en otras etapas de la vida, la patología produce repercusiones funcionales, psíquicas y sociales en el enfermo y su entorno.
La incidencia de enfermedades es muy alta (entre el 50 y el 80% de los ancianos padecen o padecieron distintas enfermedades). No es infrecuente la polifarmacia, a veces con drogas que interactúan entre sí o que modifican sus efectos por cambios farmacocinéticos o farmacodinámicos. También es frecuente la automedicación o el cumplimiento incorrecto de la medicación. Es corriente que las enfermedades evolucionen larvadamente, algo sintomáticas, o con manifestaciones inespecíficas, con tendencia a la cronicidad y a repercutir sobre la capacidad funcional, llevando a la invalidez y a la dependencia de terceros. Así, un problema puramente médico se vuelve médico-social.
Complicaciones de las enfermedades en el anciano: Con mayor frecuencia que el joven, el geronte enfermo padece una serie de complicaciones, que a veces adquieren más importancia que la enfermedad de base desencadenante, pudiendo desembocar en la cronicidad, invalidez o muerte. En la evaluación geriátrica el paciente añoso frecuentemente padece pluripatología, en su evolución puede llevar a la invalidez y como consecuencia epilogar con una problemática mental y social. Todos estos elementos, enfermedad somática, capacidad funcional, problemática mental y social, deben ser encarados al contemplar el tratamiento a fin de que el mismo sea integral y aumente sus posibilidades de éxito. La evaluación debe ser dinámica y actualizada periódicamente para adaptar la terapéutica a los cambios que se produzcan en la evolución de la enfermedad. 14
La VG es una forma de aplicar el método clínico en su dimensión más completa a los problemas de salud especiales de los ancianos y es catalogada por algunos autores como una tecnología por ser de reciente aplicación y por los beneficios obtenidos cuando se aplica de forma coherente, la Valoración Geriátrica ha sido definida como la cuantificación de todos los atributos y déficit importantes, tanto médicos, como funcionales y psicosociales, con el fin de conseguir un plan racional de tratamiento y de utilización de recursos. 15
Si habláramos en vocablos más precisos de salud en el adulto mayor, hay que dialogar en términos de función, es decir, de estado funcional que en la realidad objetiva a los propios adultos mayores les interesa más la capacidad para realizar sus actividades de la vida diaria que el diagnóstico de su estado mórbido. 16
Para la correcta aplicación de la Valoración Geriátrica se debe utilizar tanto la historia clínica de evaluación geriátrica, como las escalas de valoración que facilitan la detección del problema y su informe evolutivo, se incrementa la objetividad y reproducibilidad de los resultados. Las escalas hay que aplicarlas en el contexto adecuado y sin olvidar que constituyen un complemento del diagnóstico.
Por lo tanto concretamos que la Valoración Geriátrica incluye:
4.1 Evaluación médica
Recoge los antecedentes patológicos personales y familiares, los hábitos tóxicos, la historia farmacológica y los síntomas y signos por sistemas y aparatos. Es de obligatoria exploración la valoración nutricional (índice de masa corporal) y la prueba de Tinetti, esta última evalúa el equilibrio y la marcha. La pérdida de la capacidad de marcha y equilibrio es un indicador de alto riesgo para la salud del individuo. El examen físico oftalmológico y auditivo debe realizarse con el apoyo de los especialistas correspondientes. En el examen oftalmológico se emplea la carta de Sneller o Jaeger para medir agudeza visual y no debe faltar el fondo de ojo. En el auditivo se debe buscar la existencia de cerumen impactado u otras alteraciones, además de realizar la prueba del susurro. 17
4.2 Evaluación psicológica
Se exploran 2 esferas: cognitiva y afectiva.
La evaluación cognitiva establece la capacidad de realizar las funciones intelectuales. Deterioros en esta esfera impiden que el anciano se comporte de forma adecuada en sus actividades diarias y relaciones personales y de trabajo.
La entrevista con el paciente y sus familiares brinda los elementos fundamentales que, completados con la utilización de algunos test mentales como el Folstein, nos ayuda a precisar la existencia de alteraciones cognitivas.
Es importante determinar la existencia de demencia por el riesgo que implica para el mantenimiento de la autonomía del enfermo, para su diagnóstico recomendamos los criterios de la Sociedad Americana de Psiquiatría, con el apoyo del mini-examen del estado mental de Folstein.
Deben tenerse en cuenta factores como la salud física, mental, nutrición, uso de drogas y alcohol; estos pueden alterar su ejecución en tareas de investigación.
Si la salud física se deteriora es más difícil aprender y recordar lo que se aprendió previamente. Los adultos mayores que presentan salud, presentan buen funcionamiento cognitivo. De hecho, los adultos y ancianos que realizan actividad física regularmente, reaccionan más de prisa, tienen la memoria a corto plazo más eficiente y razonan de forma más precisa que las personas sedentarias de su misma edad. 18
La evaluación afectiva es muy importante por la alta incidencia de los estados depresivos en este grupo y los riesgos que representan, siendo causa frecuente de deterioro "inexplicable" del estado de salud. La ansiedad también es muy frecuente, ya sea aislada o asociada a la depresión y para ambos estados se debe realizar un buen interrogatorio y test psicológico adecuado. 19
Por la importancia que reviste este síntoma en la tercera edad le dedicaremos unas líneas.
4.2.1 La depresión en el anciano
La depresión en el anciano puede tener diversas formas de presentación, y no es como piensan algunos “normal” padecerla en esta etapa; aunque sí es una condición frecuente, que si no es detectada a tiempo y tratada trae enorme sufrimiento a quien la padece, a sus familiares y hasta amigos.
El episodio depresivo puede ser calificado como leve, moderado, o grave, según la gravedad y la cantidad de sus síntomas.
Un cuadro depresivo frecuentemente se manifiesta como un aparente compromiso global de funciones intelectuales, que de hecho, tiene la apariencia de un severo cuadro demencial, fenómeno que se denomina seudodemencia depresiva.
Más aún, en los estadios iniciales de un proceso demencial es usual encontrar un componente depresivo, que hace que el paciente aparezca más afectado de lo que realmente está: al suprimir la depresión, el cuadro demencial mejora, ya que era la resultante de dos procesos simultáneos superpuestos.
El paciente con depresión generalmente posee un sentimiento de minusvalía, exagera notoriamente los fallos y dificultades que presenta. Se queja de un deterioro tan profundo, que de ser real, se encontraría completamente incapacitado; como no lo está, entre su aparente déficit cognoscitivo y su comportamiento hay incongruencia.
Para el diagnóstico de depresión también recomendamos los criterios de la Sociedad Americana de Psiquiatría20 con el apoyo de la escala de depresión geriátrica. 19
4.3 Evaluación social
La evaluación social tiene como objetivo poner al descubierto factores sociales que influyen en el estado de salud de los ancianos que afectan tanto la duración de la vida, como su calidad, además conocer la problemática social de los adultos mayores, e identificar los principales problemas de salud social en los ancianos y/o conocer el apoyo inmediato brindado por los servicios sociales, la comunidad y la familia (redes de apoyo). En la evaluación social se recoge la información siguiente: historia social, convivencia, soporte asistencial formal (institucional) e informal (familiar), situación económica y situación de la vivienda.
Se han desarrollado diferentes escalas pero son difíciles de estandarizar al estar muy influenciadas por las características culturales y socioeconómicas de cada país. 21
4.4 Evaluación funcional
Varios instrumentos han sido desarrollados para evaluar funcionalidad, los que abarcan el funcionamiento físico solamente y aquellos más amplios que combinan las áreas física, mental y social.
La evaluación de la función física consiste en evaluar la capacidad que tiene el anciano de realizar, sin ayuda, las actividades básicas de la vida diaria (ABVD).22
Un instrumento tomado de la Clasificación Internacional de Deterioro, Incapacidad e Impedimentos desarrollada por la OMS, demostró entre 5 dominios (actividad física, ABVD, actividad social, actividad psicológica y comunicación) que las ABVD fueron las más importantes para medir discapacidad. 23
Estos instrumentos obtienen la información de dos modos: a través de cuestionarios (autorreportes), los cuales son relativamente rápidos de aplicar pero tienen como desventaja que el adulto mayor subvalora su propia discapacidad mientras sus familiares la sobrevaloran 36 y la observación directa basada en ejecuciones, las cuales consumen tiempo, requieren de un entrenamiento previo del paciente y del médico, de un espacio adecuado, de equipamiento especial y existe el riesgo de lesión, pero tienen como ventaja una mejor reproducibilidad, mayor validez y están menos influenciadas por un pobre funcionamiento cognitivo, por el lenguaje, el nivel cultural y educacional del paciente. 24
Las actividades básicas de la vida diaria (ABVD), índice de Katz, fueron establecidas por Katz, Ford, Moskowitz, Jackson y Jaffee en 1963, quienes definieron como independiente la ejecución de tareas para el cuidado personal (bañarse, comer, vestirse, levantarse, usar el retrete y continencia) sin la supervisión, dirección o asistencia activa de otra persona.
Lawton y Brody en 1969 desarrollaron las actividades instrumentadas de la vida diaria (AIVD), índice de Lawton, para obtener información más compleja en el mantenimiento de la vida. Estas son: transportarse, comprar, preparar alimentos, realizar trabajos en la casa, manejar finanzas, lavar ropas y responsabilidad con la medicación. La habilidad para realizar estas actividades sin la ayuda de otra persona es el criterio que determina independencia. Wolinsky y Jonson, en el año 1991, debatieron que el manejo de finanzas, uso de teléfono y preparar alimentos mide funcionamiento cognitivo. 25
La medición de las ABVD basada en ejecuciones se caracteriza por ser objetiva, directa, estandarizada y cuantificable, por tanto, preferible a los subjetivos reportes del paciente o del cuidador. 27
5. Conclusiones
El paciente anciano padece más enfermedades, es más vulnerable ante cualquier tipo de agresión, sus mecanismos de defensa son más limitados, su reserva fisiológica es menor, las patologías se superponen una sobre otras y se manifiestan, diagnostican y tratan de distinta forma y tiene una mayor implicación social.
La valoración geriátrica tendrá éxito si va ligada al manejo de los problemas encontrados. A partir de la evaluación se diseñará acciones terapéuticas para cada uno de ellos, persiguiendo así, mejorar la funcionalidad, potenciar los remanentes, aumentar la autoestima y optimizar la calidad de vida.
Hay que cultivar la riqueza social y mental durante la vejez, y dentro de lo posible, comenzar centrar la atención en lo satisfactorio que tiene la relación con otras personas, a partir de actividades diversas, eligiendo las que no dependan mucho de esa fortaleza física que va disminuyendo rescatando a su vez las potencialidades existentes en cada quien. El adulto mayor es capaz de dar calidad a su vida y a su convivencia a través de dos operaciones fundamentales: el ejercicio de la inteligencia y el de la voluntad. Al estimular la mente se mantiene joven el cerebro y al amar se mantiene joven la psiquis, porque el que ama nunca envejece.
Cabría preguntarse, ante condiciones socio-económicas y culturales distintas en la actualidad, lo siguiente: ¿los jóvenes de hoy, viejos del mañana, asumirían y se representarían esta etapa en forma distinta a como hoy estos ancianos se la representan?... eso está por ver.
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