Comienza el Despegue… ¡a ver qué hacemos ahora!
Julio Lorca Gómez
Director Revista eSalud. España.
El incremento de iniciativas y pronunciamientos sobre financiación de los últimos dos años, hacen entrever que 2008 traerá importantes avances en el abordaje de soluciones integrales de e-Salud, más allá de los pilotajes más o menos exitosos habidos hasta la fecha, siendo de esperar su definitiva consolidación en torno a 2010.
Cuando en enero de 2005 vio la luz nuestra revista, sabíamos que la apuesta no era sencilla: su carácter especialmente divulgador para el mundo de habla hispana, sacrificaba la oportunidad de crear una revista al uso, “angloinspirada”, en un campo que era aún virgen en casi toda Europa. En ese momento, hubiese sido relativamente fácil aprovechar el nicho de oportunidad que facilitaba un concepto de tan alto potencial, aún naciente, como se demostró poco tiempo más tarde con la creación del Observatorio Mundial para la e-Salud desde la OMS.
Fue la propia asamblea constituyente de nuestra de red de excelencia, promotora de la revista, la que decide casi por unanimidad obviar un modelo “cientifista” de publicación y centrarse en cubrir el “gap” de información existente en el mundo latino, derivado de la tendencia hospitalocentrista para el binomio tecnología y salud dominante en la mayoría de la publicaciones tradicionales; optando por un modelo abierto y participativo al que pudiesen acudir todos los interesados en testear lo que habían “sufrido” otros colegas antes de conseguir algún resultado, y renunciando a los “cantos de sirena” a los que “el oficialismo” nos tiene acostumbrados. La innovación, a diferencia de la investigación, se centra especialmente en reutilizar conocimiento preexistente sobre el que construir nuevo valor. El abordaje puramente intelectual de las fronteras del conocimiento requiere de excedentes dinerarios que sólo los muy ricos se pueden permitir.
Su carácter gratuito, desvinculada de cualquier corriente u organización previa, o el permanente cuestionamiento de las inercias burocráticas nos han supuesto no pocos quebraderos de cabeza, falta de financiación, incomprensión y falta de apoyo en su propio entorno de nacimiento; mientras que se transformaba en un referente único en los países latinos de ultramar. En alguna medida eso refuerza su razón de ser. Esperamos que al menos allá se pueda ahorrar dinero aprendiendo antes de nuestros errores que de nuestra habilidad.
Nuestra lucha por equiparar el potencial de aplicación de las TIC en salud con otros sectores de actividad, de una forma efectiva y pragmática, ha chocado directamente con esquemas oligo-políticos en los que las soluciones a implantar derivan en mayor medida de pactos político-empresariales, que de la búsqueda de verdaderas soluciones clínicas o de mejora del proceso asistencial o de cuidado. ¿Ha primado la cobertura interminable de desaguisados heredados? ¿Se ha primado el control macrogestor sobre la calidad asistencial? ¿Se ha evaluado la efectividad de lo gastado? ¿Y el coste de oportunidad?
Mucho dinero se sigue derrochando: sistemas de videoconferencia para “mal ver” a unas pocas decenas de pacientes, mientras las esperas de la especialidad concreta arrastra lastres de cuatro o cinco cifras (se puede ampliar información al respecto en el artículo “Asentando los pilares de la e-salud: Telemedicina Asíncrona o Store & Forward 2.0” en próximo número de Revista de administración sanitaria siglo XXI de editorial Doyma.); ¿y el retraso en la incorporación real de “Open-Source” con el correspondiente derroche en “costes de oportunidad” de dinero público destinado a licencias de una mutinacional? (Si se evaluara lo que se podría haber ahorrado en muchas de las experiencias de informatización sanitaria lanzadas hasta la fecha, algunos se irían al juzgado de guardia de cabeza… bueno, o se echarían las manos a la misma)..
Bueno, esperemos que las cosas vayan cambiando (y no nos referimos a disponer de más dinero), sino a la incorporación de criterios más racionales e innovadores en las decisiones que se adopten. Efectivamente, que habrá más dinero, parece que ya nadie lo duda. Ya mencionábamos en otra ocasión las previsiones realizadas desde el informe realizado para la unión europea por el grupo dirigido por el ex-primer ministro finlandés Esko Aho1 que vaticina que para el 2010, los estados miembros de la unión europea destinarán un 5 % de su presupuesto sanitario a la e-Salud.
Esta visión se está plantando también para el resto del mundo. Según Datamonitor2 el mercado global de lo que llama “sistemas de salud de acceso remoto” alcanzará los 12 billones de dólares en 2012, “siendo en parte consecuencia del envejecimiento de la población y la carencia de servicios sanitarios”. Para ello, el analista Christine Chang prevee una tasa de crecimiento anual compuesto del 56 % comparado con el 9,9 % del clásico mercado clínico. Sin embargo, nuevamente se advierte de que tanto los flujos de trabajo como la propia tecnología necesitan mejorar antes de que este crecimiento alcance la extensión prevista. Por ejemplo, en Estados Unidos, el Medicare reembolsó sólo 2 millones de $ por servicios telemédicos, frente a un gasto total de 400 billones; y es “curioso” que sean ya los propios médicos los que comienzan a ver con malos ojos esta situación3.
Respecto de lo segundo, es decir sobre la incorporación de mayor racionalidad en la asignación de recursos en las decisiones sobre tecnología, ya no lo tenemos tan claro. Como ya hemos defendido en otros números, hasta que los americanos no nos marquen la pauta, aquí poca iniciativas pasan de las “manidas” experiencias piloto. Algunos tendrán que responder a su propia consciencia sobre las razones de no generalizar experiencias telemédicas que dentro de su propia organización están demostrando resolver tumores en tiempo récord con relación a su capacidad de respuesta tradicional. Posiblemente continuemos esperando a que alguna gran multinacional extranjera nos diga lo que debemos hacer, a pesar de que nuestros sistemas nacionales de salud están mucho mejor preparados que los “bismarckianos”, para avanzar en soluciones de telesalud, dada su mayor orientación cultural a estrategias preventivistas; y ello, a pesar de que el verdadero potencial de la telemedicina y la e-Salud futura derivará del cribado de pacientes sanos desde la atención primaria: el descarte telemático de una sospecha patológica, y no la sustitución virtual del médico, será la esencia que haga de la e-Salud una realidad. Sobre este extremo, que consideramos clave, tendremos que seguir reflexionando hasta que alguien no nos demuestre lo contrario. Y si no, ¡pregunten a los americanos sobre qué hacen en Alaska cuando la alternativa a un tele-cribaje especializado no es un especialista de presencia física o virtual, sino “la nada”!.
Referencias
- “Creación de una Europa innovadora”.Informe del Grupo de Expertos Independientes sobre I+D e Innovación creado a raíz de la Cumbre de Hampton Court. Enero 2006.
- Global Market for Telehealth Systems Could be $12 Billion by 2012. VNUnet, August 30, 2007
- Medicare Slow to Embrace Telemedicine. American Medical News, August 26, 2007












